Nuestras acciones cotidianas
Recordemos esta parábola… “El Reino de los Cielos es
semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo. Sin
duda, es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, es la mayor
de las plantas; se hace árbol de tal manera, que vienen las aves del cielo y
hacen nidos en sus ramas” (San Mateo 13. 31-32).
Cada una de nuestras acciones es una semilla que elegimos
diariamente para nuestra siembra. Sembramos pensamientos, actitudes y
acciones-semillas, en nuestra conciencia y en nuestra materia. Necesitamos
hacer una selección consciente de cada una de esas semillas para que nuestra
cosecha sea una buena cosecha!
¿Qué ocurre antes de llegar a la acción? ¿Qué nos impulsa
a hacer cosas? ¿Dónde y cuándo nace una acción?
Evoquemos el instante previo a decir algo; observemos
nuestro cuerpo y podremos darnos cuenta de pequeños cambios que se van
sucediendo en la tensión muscular, la temperatura corporal, el ritmo de la
respiración, el pulso, la postura, la actitud corporal. Este conjunto de
sensaciones físicas se vincula al movimiento que ocurre en el mundo interno
antes de la acción, como cuando se prepara el terreno para la siembra.
Los sentimientos hospedados en el corazón se expresan a
través de pensamientos y representan las primeras semillas de la acción. El
proceso continúa, una acción va llevando a otra, produciendo cambios en nuestra
realidad próxima y permitiendo el inicio de nuevos ciclos de expansión que irán
generando transformaciones a nuestro alrededor.
En todo este proceso, nuestra responsabilidad es asumir
actitudes “pro-activas” en lugar de reactivas y llevar a cabo
acciones que trasciendan los juegos del ego, de modo que la mente tenga poder
sobre la materia, para que nuestras acciones logren quebrar los patrones
erróneos que detienen nuestra evolución.
Acciones visibles y acciones “invisibles” – Acciones
internas y acciones externas
Las acciones visibles son aquellas acciones
externas, las que son notorias, las que hacemos “en grande”, las que dejan
grandes marcas. Son las que hacemos con otros, que se muestran fácilmente y que
podemos identificar a primera vista.
Las acciones invisibles son aquellas pequeñas
acciones que hacemos en silencio, que no divulgamos y también, las que hacemos
en casa cuando estamos a solas pero que se vuelven visibles por sus efectos, cuando
podemos ver sus consecuencias. También son las pequeñas acciones cotidianas
internas, las que hacemos hacia adentro, las que transcurren en nuestra
mente, con nuestros pensamientos, porque nuestros pensamientos también son
acciones.
Son aquéllas que nos ayudan a sostener nuestra conexión
con el mundo espiritual, con nuestra esencia y que pueden darnos la posibilidad
de expandir nuestra conciencia y transformarnos en seres plenos. Las acciones
invisibles e internas llegan a mover montañas!!! Tal vez no se vean a
simple vista, pero -como las semillas- germinan en silencio y aparente
inmovilidad, como ocultándose de las miradas curiosas y luego, devienen en
importantes transformaciones de la realidad personal y más allá también,
haciéndose realmente notorias por sus efectos.
Nuestras pequeñas acciones silenciosas cuentan en este
proceso. Aunque otra persona no lo haga, puedo hacer mi parte y
hacerla bien.
¿Qué significa “hacerlo bien”? Significa generar acciones desde el corazón, con la
intención de lograr un bien mayor, para uno mismo y para todos, despertando la
belleza intrínseca de cada acción que nace de la bondad, la generosidad, el
respeto por la vida y esencialmente, del amor infinito. Estas acciones ocurren
más allá de la presencia de testigos y aunque se hacen en silencio, son
poderosas.
En sintonía con la visión de Gandhi, seamos el cambio que
queremos ver plasmado en la realidad social. Nuestras pequeñas acciones -silenciosas
o no- cuentan en este proceso de transformación. El cambio comienza en cada uno de nosotros porque formamos parte de un
todo mayor, una unidad cósmica y luminosa, de la que hemos recibido la “chispa
Divina”, el aliento primero que sostiene nuestra conexión con lo Infinito.
La física cuántica ha demostrado la existencia de campos
morfo-genéticos, una gran trama energética de la que todos somos parte.
Nuestras acciones individuales -aún las más pequeñas e insignificantes- generan
movimientos que se van multiplicando en otros seres, que se expanden y que, cuando alcanzan una masa crítica, producen una transformación que sucede más
allá de nuestros ojos, capaz de generar cambios en la conciencia en toda la
humanidad.