"Sólo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón, porque quien mira hacia afuera sueña y quien mira hacia adentro, despierta" C. G. Jung
Vivir en plenitud es posible cuando elegimos transitar "caminos con corazón".


Semillas para la Vida - Embajada de Paz - Distinción otorgada por Mil MIlenios de Paz y Fundación Paz, Ecología y Arte

viernes, 17 de abril de 2026

La PAZ es mucho más que palabras "bonitas" y declaraciones de "buenas intenciones"...

La PAZ es mucho más que palabras bonitas y declaraciones de buenas intenciones; es mucho más que un sinfín de normas que prohíben actos de violencia pero facilitan el nacimiento de prejuicios, opresión y discordias.

La PAZ genuina nace en el corazón, la mente y el cuerpo de cada uno de nosotros y se

sustenta e irradia desde nuestro universo interno.

Si queremos PAZ en nuestro entorno, primero necesitamos transformarnos en auténticos “seres de PAZ”; porque la PAZ genuina nace de la búsqueda sincera de nuestra propia PAZ y de nuestra responsabilidad consciente de mantener nuestra coherencia personal en cada momento de nuestras vidas, en aquéllos que son visibles para otros, pero también, en aquéllos que sólo ocurren en nuestra intimidad, en nuestro espacio de silencio personal.

La PAZ es coherencia entre lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos; es hablar y expresarnos eligiendo “palabras  con corazón”; esas que acarician el alma y los corazones de quienes las escuchan, pero también, de quien las elige y las pronuncia.

La PAZ es mucho más que ausencia de guerra; es sustentar el balance personal y social, aún en tiempos de turbulencias; es lograr caminar por el “sendero del medio” creando puentes en armonía y generando caminos de encuentros; es descubrir cómo andar por la vida caminando con sutileza y humildad, acariciando apenas el aire que nos rodea, sin generar más ego a nuestro paso.

La PAZ genuina se manifiesta cuando podemos sustentar la serenidad aún en tiempos de tormentas; cuando podemos escuchar otras voces expresando diferentes modos de ver la vida, sin que se altere nuestra calma profunda, aunque estemos en desacuerdo.

Si queremos una sociedad libre de opresión, prejuicios y violencia; si queremos que la PAZ sea una realidad en nuestras vidas, eduquemos a nuestros niños desde el espíritu de la PAZ; revalorizando la bondad, el amor, el respeto y la compasión, en lugar de motivarlos por premios o castigos o enseñarles los juegos de la guerra y el culto de los egos.

Si queremos PAZ, Seamos PAZ; seamos seres plenos, amorosos, conscientes y responsables de nuestras expresiones y de nuestras acciones.

Brillemos –entonces- en PAZ e irradiemos la LUZ de nuestra PAZ… porque así, ella se multiplicará finalmente, reuniéndonos en un abrazo infinito y amoroso, en auténtica hermandad. 

Bandera Planetaria de la Paz
(programa activo del 

lunes, 6 de abril de 2026

“EL PODER DE LAS PALABRAS Y LA CULTURA DE PAZ” - Palabras con corazón

Las palabras tienen esa sutileza de poder crear realidades. Las palabras son sonoras, vibran y producen movimiento; tocan nuestro cuerpo y lo recorren dejando sus huellas en cada célula, activando nuestros sentimientos y nuestras emociones, llegando a ese universo de sensibilidad profunda que -a veces- se esconde de nuestra consciencia.
Las palabras nos acercan o nos alejan; crean puentes o profundas grietas; pueden hacernos sonreír o producir dolor y llanto; pueden generar guerras o abrazarnos amorosamente en la diversidad.
Las palabras son poderosas y al tocar nuestro cuerpo lo transforman en un detector de las sutilezas que -a veces- nuestra mente no alcanza a percibir. Cuando elegimos pronunciar una palabra, una intención subyace en su vibración, le da poder y  direcciona su energía aún, cuando no seamos conscientes de eso.
Es tan importante la energía que ponemos en movimiento al pronunciar las palabras, que necesitamos respirar y sentirlas antes que ellas salgan de nuestras bocas, antes que lleguen a los destinatarios - quienes las escuchan- porque ellas, dejan sus huellas en el corazón, en la mente, en el cuerpo y en el alma.
Es importante que a la hora de comunicarnos, dediquemos unos instantes a esa pausa que nos ayuda a conectar con nuestra sensibilidad profunda, para que -al respirar y sentir las palabras- ellas sean constructoras de paz y de armonía; para que siembren luz y no oscuridad; para que ellas abracen amorosamente el corazón de quienes las reciben en lugar de generar llanto y dolor.
Nos propongo entonces, observarnos y escucharnos más conscientemente en todo momento; respirar y sentir las palabras antes de hablar, para poder darnos cuenta si ellas construyen o destruyen; si son sembradoras de luz o de oscuridad; si tienden puentes de encuentro o crean grietas que dividen; si nos abrazan en amorosa diversidad o -haciendo un culto del ego- nos expulsan, nos alejan y nos separan y si esas palabras que elegimos pronunciar, en realidad, nos vinculan al mundo de la cultura de paz o nos alejan de él.
Nos propongo sostener esa conexión consciente entre nuestra sensibilidad profunda y nuestro modo de comunicarnos y expresarnos, para poder darnos cuenta si mantenemos nuestra coherencia personal entre lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos; para lograr que nuestras palabras sean verdaderamente portadoras del espíritu de la “cultura de paz” y para transformarnos realmente en seres de paz en acción y ser genuinamente constructores y artífices del mundo de paz que tanto anhelan nuestros corazones.

sábado, 28 de diciembre de 2024

Anhelo del corazón para el 2025


En estos momentos en los que pronto le diremos “chau!” al 2024… quiero compartir un anhelo del corazón e invitar a quienes se sientan en sintonía a sumarse a la propuesta de hacerlo realidad. Es simple!
Se trata de conectarnos con todo aquello que nos acaricie el alma y que manifieste Paz en nuestras vidas; con aquello que nos ayude a recorrer el camino con alegría, con amor y con música en el corazón.
Se trata de entrar en sintonía con aquello que nos permita –en nuestro caminar cotidiano- trascender las diferencias que nos dan identidad y elegir conocer -“sin interferencias”- las diversas identidades que se suman en nuestro camino cotidiano, para poder comprender profundamente la diversidad y hacerle un lugar especial en nuestro corazón, transformando en encuentros del alma cualquier tipo de desencuentros… Porque recordemos que las guerras comienzan en la mente; nacen de la incomprensión y de los miedos a perder la propia identidad; pero, cuando realmente abrimos el corazón para conocer otras identidades y saber quiénes somos en realidad, se produce la magia y nace la comprensión amorosa de las diferencias; los miedos a perder nuestra identidad en la convivencia con otras identidades, se llenan de luz y se transforman en una amorosa bienvenida de la diversidad, en profunda sintonía del corazón con la mente.
La vida nos regala permanentemente desafíos especiales para aprender a superarlos de un modo creativo y amable e ir al encuentro de la mejor versión de nosotros mismos. Esos desafíos son estímulos para nuestra transformación personal y social, para inspirarnos a crear nuevos caminos, nuevos modos de hacer y de ser… y qué bueno si podemos darnos cuenta de ello! Porque así podremos elegir mejores “semillas” para la nueva siembra.
En este nuevo año que comienza, nos propongo elegir encontrar esa chispa de luz en cada rincón o momento de oscuridad.
Nos propongo elegir encontrar lo que nos reúne y nos acerca, en lugar de aquello que nos separa abriendo brechas infranqueables que nos alejan sin posibilidad de retorno.
Nos propongo elegir aprender a hacer silencio para poder escuchar con los oídos del alma y a ver con los ojos del corazón, para disolver las interferencias que nublan nuestra visión.
Nos propongo elegir que prevalezcan en nuestra vida cotidiana el Amor, el Respeto, la Fe, la Sensibilidad, la Comprensión, la Luz y la Paz.
Nos propongo elegir minuciosamente las mejores semillas para la nueva siembra.
Y –también- nos propongo recordar en todo momento que cualquier cambio es posible y que aquello que nos parece imposible de lograr puede hacerse realidad en nuestras vidas cuando decidimos recorrer “caminos con corazón”.

lunes, 28 de octubre de 2024

Un Llamado Urgente a la Coherencia

En estos tiempos que estamos transitando, las ideologías se esfuerzan en sostener sus dogmas, en detrimento de la coherencia. Las frases hechas se repiten una y otra vez a viva voz -y a veces a los gritos- defendiendo lo que los dogmas “nos dicen”, sin pasar por la reflexión profunda de sus contenidos y sin darnos la posibilidad de poder escuchar otras voces, otros modos de expresar, de sentir, de hacer y de pensar; hacemos –consciente o inconscientemente- un culto de la violencia y de los egos heridos, volviéndonos sordos frente a otras voces que se expresan distinto. En ese “monólogo de gritos y de violencia” se pierde el intercambio; la posibilidad de enriquecer nuestras miradas, de ver con claridad nuevas alternativas y posibilidades; nos perdemos la oportunidad de descubrir los puntos de encuentro -al aferrarnos a los desencuentros- y de ser mejores seres humanos a cada paso del camino. Vamos perdiendo de vista la natural transformación de la vida, que es la que nos guía hacia los nuevos ritmos de nuestra existencia en este planeta.

Frente a hechos generalizados de violencia, intolerancia, odio, enojo, rabia, egos heridos… se levantan las banderas de los dogmas sin dar tiempo ni espacio a la reflexión profunda para sustentar la coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos. Aferrados a la zona de confort y a las ideologías enquistadas en el tiempo, no escuchamos más que la propia voz y –defendiendo la unidad en la diversidad- pasamos por alto que en realidad, estamos discriminando al atacar a quienes piensan, sienten y deciden vivir de un modo diferente al nuestro.
Estamos necesitando con urgencia sustentar la coherencia; crear el hábito de hacer un espacio de silencio personal para reflexionar sobre nuestra coherencia cotidiana, personal y social; tomarnos el tiempo para separar lo esencial de aquello que no lo es; para diferenciar lo coherente de lo incoherente; para depurar nuestras viejas creencias e ideologías y ver claro el nuevo camino,  para poder avanzar con el “corazón abierto” hacia una convivencia en armonía, vibrando auténticamente en sintonía con la “Unidad en la Diversidad”.
Si queremos que la PAZ prevalezca, empecemos mirándonos íntimamente con los ojos del alma, desprovistos de prejuicios y de falsas miradas, despejando el camino de aquellos dogmas obsoletos que nos anclan en el tiempo y se transforman en frases perimidas que se alejan de los nuevos ritmos de la vida, transformándose en lastre que dificulta nuestra evolución personal y social.
Seamos sembradores de PAZ! Allí donde haya odio sembremos AMOR; donde percibamos ofensa sembremos PERDÓN; donde aparezca la oscuridad sembremos LUZ, donde haya tristeza sembremos ALEGRÍA; donde haya dudas sembremos FE; donde encontremos desesperación sembremos ESPERANZA… Seamos el cambio que queremos ver florecer en nuestro mundo!!!


La Coherencia y la  Cultura de Paz

La coherencia es un ingrediente esencial para una Cultura de Paz. La coherencia sustenta el balance entre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, y –al hacerlo- también sostiene nuestra vitalidad en todos los sentidos de la vida.
La coherencia es vital para una convivencia en paz y necesitamos ser conscientes de su importancia en nuestra vida personal, social y en nuestra vida planetaria.
La coherencia simbólicamente es una semilla que elegimos sembrar y cuidar; la coherencia se cultiva conscientemente. “Ser coherentes” es una decisión personal y es también, una elección de vida. Para sustentarla en cualquier tiempo y lugar necesitamos recurrir a todos los medios posibles a nuestro alcance; sostenerla en nuestro día a día requiere de nuestra observación consciente  y silenciosa de nosotros mismos, de nuestras acciones, pensamientos, sentimientos y actitudes.
Crear el hábito de preguntarnos, observarnos, indagarnos, descubrirnos, se convierte en un camino esencial para lograr nuestra transformación personal en seres de paz y – a través de ella- la transformación grupal de una sociedad orientada hacia un modo de convivencia en el que la paz y la armonía prevalezcan por encima de todos los desencuentros y todo tipo de guerras.
Estas prácticas son voluntarias y conscientes y ayudan a sostener nuestra coherencia personal cotidiana y –al hacerlo- contribuimos al balance de una sociedad en la cual la coherencia también prevalezca en todos los ámbitos en los que cualquiera de nosotros despliegue sus diferentes roles, con responsabilidad personal- social.
La coherencia nos facilita –como individuos y como sociedad- llegar a nuestro destino y lograr realizar nuestros anhelos del alma en lo personal y en lo grupal.
Todo comienza en nuestra intimidad; en nuestro mundo interno, ése que nos pone en acción guiados por la sabiduría del alma.
Cualquier cambio que queremos ver hecho realidad se inicia en nosotros mismos y ese cambio personal es el punto de partida para cualquier cambio grupal y social.
Somos seres sintientes y pensantes, con el don de poder decidir por nuestros propios medios. Nosotros somos los responsables de construir un modelo social en el que la coherencia, la paz y la armonía prevalezcan por encima de la violencia, los desencuentros y los odios; de nosotros depende plasmar ese modelo en la realidad. Pero recordemos siempre que el movimiento nace en nuestro interior, porque desde allí se impulsan las acciones coherentes con nuestros sentires, modos de pensar y de ver la vida y la suma de las acciones individuales responsables y conscientes, dará forma a las acciones grupales en sintonía con nuestra coherencia personal.

jueves, 13 de junio de 2024

Las pequeñas acciones cotidianas hacen la diferencia

Nuestras acciones cotidianas

Recordemos esta parábola… “El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo. Sin duda, es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, es la mayor de las plantas; se hace árbol de tal manera, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas” (San Mateo 13. 31-32).

Cada una de nuestras acciones es una semilla que elegimos diariamente para nuestra siembra. Sembramos pensamientos, actitudes y acciones-semillas, en nuestra conciencia y en nuestra materia. Necesitamos hacer una selección consciente de cada una de esas semillas para que nuestra cosecha sea una buena cosecha!

¿Qué ocurre antes de llegar a la acción? ¿Qué nos impulsa a hacer cosas? ¿Dónde y cuándo nace una acción?

Evoquemos el instante previo a decir algo; observemos nuestro cuerpo y podremos darnos cuenta de pequeños cambios que se van sucediendo en la tensión muscular, la temperatura corporal, el ritmo de la respiración, el pulso, la postura, la actitud corporal. Este conjunto de sensaciones físicas se vincula al movimiento que ocurre en el mundo interno antes de la acción, como cuando se prepara el terreno para la siembra. 

Los sentimientos hospedados en el corazón se expresan a través de pensamientos y representan las primeras semillas de la acción. El proceso continúa, una acción va llevando a otra, produciendo cambios en nuestra realidad próxima y permitiendo el inicio de nuevos ciclos de expansión que irán generando transformaciones a nuestro alrededor.

En todo este proceso, nuestra responsabilidad es asumir actitudes “pro-activas” en lugar de reactivas y llevar a cabo acciones que trasciendan los juegos del ego, de modo que la mente tenga poder sobre la materia, para que nuestras acciones logren quebrar los patrones erróneos que detienen nuestra evolución.

Acciones visibles y acciones “invisibles” – Acciones internas y acciones externas

Las acciones visibles son aquellas acciones externas, las que son notorias, las que hacemos “en grande”, las que dejan grandes marcas. Son las que hacemos con otros, que se muestran fácilmente y que podemos identificar a primera vista.

Las acciones invisibles son aquellas pequeñas acciones que hacemos en silencio, que no divulgamos y también, las que hacemos en casa cuando estamos a solas pero que se vuelven visibles por sus efectos, cuando podemos ver sus consecuencias. También son las pequeñas acciones cotidianas internas, las que hacemos hacia adentro, las que transcurren en nuestra mente, con nuestros pensamientos, porque nuestros pensamientos también son acciones. 

Son aquéllas que nos ayudan a sostener nuestra conexión con el mundo espiritual, con nuestra esencia y que pueden darnos la posibilidad de expandir nuestra conciencia y transformarnos en seres plenos. Las acciones invisibles e internas llegan a mover montañas!!! Tal vez no se vean a simple vista, pero -como las semillas- germinan en silencio y aparente inmovilidad, como ocultándose de las miradas curiosas y luego, devienen en importantes transformaciones de la realidad personal y más allá también, haciéndose realmente notorias por sus efectos.

Nuestras pequeñas acciones silenciosas cuentan en este proceso. Aunque otra persona no lo haga, puedo hacer mi parte y hacerla bien.

¿Qué significa “hacerlo bien”? Significa generar acciones desde el corazón, con la intención de lograr un bien mayor, para uno mismo y para todos, despertando la belleza intrínseca de cada acción que nace de la bondad, la generosidad, el respeto por la vida y esencialmente, del amor infinito. Estas acciones ocurren más allá de la presencia de testigos y aunque se hacen en silencio, son poderosas.

En sintonía con la visión de Gandhi, seamos el cambio que queremos ver plasmado en la realidad social. Nuestras pequeñas acciones -silenciosas o no- cuentan en este proceso de transformación. El cambio comienza en cada uno de nosotros porque formamos parte de un todo mayor, una unidad cósmica y luminosa, de la que hemos recibido la “chispa Divina”, el aliento primero que sostiene nuestra conexión con lo Infinito.

La física cuántica ha demostrado la existencia de campos morfo-genéticos, una gran trama energética de la que todos somos parte. Nuestras acciones individuales -aún las más pequeñas e insignificantes- generan movimientos que se van multiplicando en otros seres, que se expanden y que, cuando alcanzan una masa crítica, producen una transformación que sucede más allá de nuestros ojos, capaz de generar cambios en la conciencia en toda la humanidad.

jueves, 9 de mayo de 2024

 Ser Conscientemente Responsables

La responsabilidad es una cualidad completamente voluntaria, basada en el libre albedrío; es la habilidad de responder, de poner atención y cuidado en los pensamientos, las acciones y las decisiones. Somos responsables cuando respondemos por nuestros actos, nuestras palabras y por las decisiones que tomamos.

En la convivencia cotidiana la responsabilidad es un valor ineludible, un elemento básico para sustentar la armonía y el balance saludable en todos los ámbitos de convivencia (familia, amigos, sociedad, espacios profesionales e institucionales y el espacio natural que elegimos para vivir).

La responsabilidad revela nuestro nivel ético; ser conscientemente responsable es un acto voluntario que implica respeto y transparencia de nuestros actos y -a la vez- revela nuestro cuidado, respeto y amorosidad hacia los demás seres. Se vincula también con nuestra disponibilidad para asistir a otras personas y esto nos lleva a la “responsabilidad social”.


Ser Conscientes de nuestra Responsabilidad Social

La “responsabilidad social” posiblemente es uno de los valores reconocidos en los grupos comunitarios desde los orígenes de la humanidad, resguardado por las normas de convivencia y luego, por las leyes escritas.

Somos socialmente responsables de un modo personal; esto surge cuando reconocemos nuestro poder para influir sobre los demás a través de nuestros pensamientos, acciones y decisiones con el compromiso de “no manipular” las acciones y decisiones de los demás con un beneficio exclusivamente propio.

Lo importante es sostener nuestra conducta ética en cualquiera de los ámbitos de convivencia, trascendiendo lo normativo y lo legal. Nuestra responsabilidad social individual es nuestra conducta ética como miembros de la sociedad en la cual vivimos, para con nosotros mismos y con todo nuestro entorno. Va mucho más allá de las obligaciones legales; está vinculada con nuestro mundo íntimo, con nuestras actitudes en el hogar, con nosotros mismos, con nuestras familias, amigos, ambiente, espacios laborales

domingo, 14 de abril de 2024

Caminemos de forma sagrada

Caminar de forma sagrada es dar cada paso como si fuera el primero y vivir cada minuto como si fuera el único y sintiendo que cada paso es el primero de un sinfín de pasos. Es abrazar con nuestras manos los caminos y asombrar nuestros ojos con colores nuevos.

Andar de modo sagrado es encontrar en la vida la expresión del alma; es aprender a ser libres y permitir que la luz que brilla en la esencia de todas las cosas y de todos los seres -en cada instante de vida- nos indique cuándo, cómo y hacia dónde dar nuestro próximo paso.

Es andar el camino sin prisa, abriendo nuestro cuerpo a la flexibilidad y nuestro corazón al misterio de lo sagrado que nos aguarda en nuestro viaje por la vida.

Caminar de forma sagrada es caminar con sutileza, suavemente, como acariciando apenas el suelo, como si estuviéramos suspendidos en el aire.

Es caminar con respeto y con cuidado; es andar con el corazón abierto y la sensibilidad a flor de piel, percibiendo que cada instante es único, que cada amanecer es una promesa de vida, que cada despertar es un renacimiento.

Es andar con el corazón lleno de gratitud, disponible para celebrar la vida a cada paso y brindarnos incondicional y amorosamente en cada encuentro.

Es hacer de la vida un arte y vivir a la luz de la vida.

Caminar de modo sagrado es una creación inspirada en la luz del alma, en su esplendor e infinitud; es danzar con la vida siguiendo sus múltiples ritmos, en sintonía con su “Groove”. Es darnos cuenta que, cuando equivocamos el camino, nuestros pasos se corrigen desde el amor y la comprensión, transformando cada error en un amoroso aprendizaje de vida.

Caminar de forma sagrada es recorrer el camino dejándonos fluir, dando cada paso con liviandad y sin crear más ego; es caminar con humildad sintiendo así, la libertad de “ser”. Es recomponer esa parte del universo que nos toca, esa porción del todo que es nuestra responsabilidad, ayudando a la siembra compartida, brindando nuestras semillas de luz -las mejores de nuestra selección- para contribuir a una maravillosa cosecha compartida.

Aprender a caminar de forma sagrada será nuestra mejor ofrenda a la vida, porque estaremos en sintonía con la vida planetaria, con sus múltiples manifestaciones, con esa red invisible que nos une y nos reúne en una misma trama, en la que cada nodo es importante para la existencia de toda la trama.

Necesitamos fortalecer nuestra sensibilidad profunda para ser receptores de las voces sutiles que van guiando nuestros pasos. Somos portadores de una fuerza infinita que nos anima y nos lleva a la acción. Aprender a comunicarnos con esa fuerza a través de sus diversos canales es –realmente- un aprendizaje de vida que desarrollamos a lo largo de todo nuestro recorrido por esta vida planetaria.

Tenemos que “recordar” cómo caminar de un modo sagrado para realizar nuestro destino, para ofrecernos a la vida desde lo más profundo y ser protagonistas de las transformaciones necesarias que prolonguen la vida de nuestra especie humana en este planeta. Sólo tenemos que sentirlo, decidir e ir a la acción!!!