[1]
El término
“normosis” fue introducido por Roberto Crema junto con Pierre Weil y Jean-Yves
Leloup, para describir una patología muy común en estos tiempos que vivimos y
que en más de una oportunidad ha sido –y aún lo es-banalizada.
Construir puentes entre lo tangible y lo intangible-Ver con el corazón-Crear el hábito del espacio de silencio interno-Compartir-Descubrir-Inspirar-Co-crear-Vivir plenamente la experiencia de SER
[1]
El término
“normosis” fue introducido por Roberto Crema junto con Pierre Weil y Jean-Yves
Leloup, para describir una patología muy común en estos tiempos que vivimos y
que en más de una oportunidad ha sido –y aún lo es-banalizada.
La PAZ es mucho más que palabras bonitas y declaraciones de buenas intenciones; es mucho más que un sinfín de normas que prohíben actos de violencia pero facilitan el nacimiento de prejuicios, opresión y discordias.
La
PAZ genuina nace en el corazón, la mente y el cuerpo de cada uno de nosotros y
se
sustenta e irradia desde nuestro universo interno.
Si
queremos PAZ en nuestro entorno, primero necesitamos transformarnos en
auténticos “seres de PAZ”; porque la PAZ genuina nace de la búsqueda sincera
de nuestra propia PAZ y de nuestra responsabilidad consciente de
mantener nuestra coherencia personal en cada momento de nuestras vidas, en aquéllos
que son visibles para otros, pero también, en aquéllos que sólo ocurren en
nuestra intimidad, en nuestro espacio de silencio personal.
La
PAZ es coherencia entre lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos; es
hablar y expresarnos eligiendo “palabras con corazón”; esas que acarician el alma y los
corazones de quienes las escuchan, pero también, de quien las elige y las pronuncia.
La
PAZ es mucho más que ausencia de guerra; es sustentar el balance personal y
social, aún en tiempos de turbulencias; es lograr caminar por el “sendero del
medio” creando puentes en armonía y generando caminos de encuentros; es
descubrir cómo andar por la vida caminando con sutileza y humildad, acariciando
apenas el aire que nos rodea, sin generar más ego a nuestro paso.
La
PAZ genuina se manifiesta cuando podemos sustentar la serenidad aún en tiempos
de tormentas; cuando podemos escuchar otras voces expresando diferentes modos
de ver la vida, sin que se altere nuestra calma profunda, aunque estemos en
desacuerdo.
Si
queremos una sociedad libre de opresión, prejuicios y violencia; si queremos que
la PAZ sea una realidad en nuestras vidas, eduquemos a nuestros niños desde el espíritu
de la PAZ; revalorizando la bondad, el amor, el respeto
y la compasión, en lugar de motivarlos por premios o castigos o
enseñarles los juegos de la guerra y el culto de los egos.
Si
queremos PAZ, Seamos PAZ; seamos seres plenos, amorosos, conscientes y
responsables de nuestras expresiones y de nuestras acciones.
Anhelo
del corazón para el 2025
En estos tiempos que estamos transitando, las ideologías se esfuerzan en sostener sus dogmas, en detrimento de la coherencia. Las frases hechas se repiten una y otra vez a viva voz -y a veces a los gritos- defendiendo lo que los dogmas “nos dicen”, sin pasar por la reflexión profunda de sus contenidos y sin darnos la posibilidad de poder escuchar otras voces, otros modos de expresar, de sentir, de hacer y de pensar; hacemos –consciente o inconscientemente- un culto de la violencia y de los egos heridos, volviéndonos sordos frente a otras voces que se expresan distinto. En ese “monólogo de gritos y de violencia” se pierde el intercambio; la posibilidad de enriquecer nuestras miradas, de ver con claridad nuevas alternativas y posibilidades; nos perdemos la oportunidad de descubrir los puntos de encuentro -al aferrarnos a los desencuentros- y de ser mejores seres humanos a cada paso del camino. Vamos perdiendo de vista la natural transformación de la vida, que es la que nos guía hacia los nuevos ritmos de nuestra existencia en este planeta.
La
Coherencia y la Cultura de Paz
Nuestras acciones cotidianas
Recordemos esta parábola… “El Reino de los Cielos es
semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo. Sin
duda, es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, es la mayor
de las plantas; se hace árbol de tal manera, que vienen las aves del cielo y
hacen nidos en sus ramas” (San Mateo 13. 31-32).
Cada una de nuestras acciones es una semilla que elegimos
diariamente para nuestra siembra. Sembramos pensamientos, actitudes y
acciones-semillas, en nuestra conciencia y en nuestra materia. Necesitamos
hacer una selección consciente de cada una de esas semillas para que nuestra
cosecha sea una buena cosecha!
¿Qué ocurre antes de llegar a la acción? ¿Qué nos impulsa a hacer cosas? ¿Dónde y cuándo nace una acción?
Evoquemos el instante previo a decir algo; observemos nuestro cuerpo y podremos darnos cuenta de pequeños cambios que se van sucediendo en la tensión muscular, la temperatura corporal, el ritmo de la respiración, el pulso, la postura, la actitud corporal. Este conjunto de sensaciones físicas se vincula al movimiento que ocurre en el mundo interno antes de la acción, como cuando se prepara el terreno para la siembra.
Los sentimientos hospedados en el corazón se expresan a través de pensamientos y representan las primeras semillas de la acción. El proceso continúa, una acción va llevando a otra, produciendo cambios en nuestra realidad próxima y permitiendo el inicio de nuevos ciclos de expansión que irán generando transformaciones a nuestro alrededor.
En todo este proceso, nuestra responsabilidad es asumir actitudes “pro-activas” en lugar de reactivas y llevar a cabo acciones que trasciendan los juegos del ego, de modo que la mente tenga poder sobre la materia, para que nuestras acciones logren quebrar los patrones erróneos que detienen nuestra evolución.
Acciones visibles y acciones “invisibles” – Acciones internas y acciones externas
Las acciones visibles son aquellas acciones
externas, las que son notorias, las que hacemos “en grande”, las que dejan
grandes marcas. Son las que hacemos con otros, que se muestran fácilmente y que
podemos identificar a primera vista.
Las acciones invisibles son aquellas pequeñas
acciones que hacemos en silencio, que no divulgamos y también, las que hacemos
en casa cuando estamos a solas pero que se vuelven visibles por sus efectos, cuando
podemos ver sus consecuencias. También son las pequeñas acciones cotidianas
internas, las que hacemos hacia adentro, las que transcurren en nuestra
mente, con nuestros pensamientos, porque nuestros pensamientos también son
acciones.
Son aquéllas que nos ayudan a sostener nuestra conexión con el mundo espiritual, con nuestra esencia y que pueden darnos la posibilidad de expandir nuestra conciencia y transformarnos en seres plenos. Las acciones invisibles e internas llegan a mover montañas!!! Tal vez no se vean a simple vista, pero -como las semillas- germinan en silencio y aparente inmovilidad, como ocultándose de las miradas curiosas y luego, devienen en importantes transformaciones de la realidad personal y más allá también, haciéndose realmente notorias por sus efectos.
Nuestras pequeñas acciones silenciosas cuentan en este proceso. Aunque otra persona no lo haga, puedo hacer mi parte y hacerla bien.
¿Qué significa “hacerlo bien”? Significa generar acciones desde el corazón, con la
intención de lograr un bien mayor, para uno mismo y para todos, despertando la
belleza intrínseca de cada acción que nace de la bondad, la generosidad, el
respeto por la vida y esencialmente, del amor infinito. Estas acciones ocurren
más allá de la presencia de testigos y aunque se hacen en silencio, son
poderosas.
En sintonía con la visión de Gandhi, seamos el cambio que
queremos ver plasmado en la realidad social. Nuestras pequeñas acciones -silenciosas
o no- cuentan en este proceso de transformación. El cambio comienza en cada uno de nosotros porque formamos parte de un
todo mayor, una unidad cósmica y luminosa, de la que hemos recibido la “chispa
Divina”, el aliento primero que sostiene nuestra conexión con lo Infinito.
La física cuántica ha demostrado la existencia de campos
morfo-genéticos, una gran trama energética de la que todos somos parte.
Nuestras acciones individuales -aún las más pequeñas e insignificantes- generan
movimientos que se van multiplicando en otros seres, que se expanden y que, cuando alcanzan una masa crítica, producen una transformación que sucede más
allá de nuestros ojos, capaz de generar cambios en la conciencia en toda la
humanidad.