"Sólo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón, porque quien mira hacia afuera sueña y quien mira hacia adentro, despierta" C. G. Jung
Vivir en plenitud es posible cuando elegimos transitar "caminos con corazón".


Semillas para la Vida - Embajada de Paz - Distinción otorgada por Mil MIlenios de Paz y Fundación Paz, Ecología y Arte

lunes, 6 de abril de 2026

“EL PODER DE LAS PALABRAS Y LA CULTURA DE PAZ” - Palabras con corazón

Las palabras tienen esa sutileza de poder crear realidades. Las palabras son sonoras, vibran y producen movimiento; tocan nuestro cuerpo y lo recorren dejando sus huellas en cada célula, activando nuestros sentimientos y nuestras emociones, llegando a ese universo de sensibilidad profunda que -a veces- se esconde de nuestra consciencia.
Las palabras nos acercan o nos alejan; crean puentes o profundas grietas; pueden hacernos sonreír o producir dolor y llanto; pueden generar guerras o abrazarnos amorosamente en la diversidad.
Las palabras son poderosas y al tocar nuestro cuerpo lo transforman en un detector de las sutilezas que -a veces- nuestra mente no alcanza a percibir. Cuando elegimos pronunciar una palabra, una intención subyace en su vibración, le da poder y  direcciona su energía aún, cuando no seamos conscientes de eso.
Es tan importante la energía que ponemos en movimiento al pronunciar las palabras, que necesitamos respirar y sentirlas antes que ellas salgan de nuestras bocas, antes que lleguen a los destinatarios - quienes las escuchan- porque ellas, dejan sus huellas en el corazón, en la mente, en el cuerpo y en el alma.
Es importante que a la hora de comunicarnos, dediquemos unos instantes a esa pausa que nos ayuda a conectar con nuestra sensibilidad profunda, para que -al respirar y sentir las palabras- ellas sean constructoras de paz y de armonía; para que siembren luz y no oscuridad; para que ellas abracen amorosamente el corazón de quienes las reciben en lugar de generar llanto y dolor.
Nos propongo entonces, observarnos y escucharnos más conscientemente en todo momento; respirar y sentir las palabras antes de hablar, para poder darnos cuenta si ellas construyen o destruyen; si son sembradoras de luz o de oscuridad; si tienden puentes de encuentro o crean grietas que dividen; si nos abrazan en amorosa diversidad o -haciendo un culto del ego- nos expulsan, nos alejan y nos separan y si esas palabras que elegimos pronunciar, en realidad, nos vinculan al mundo de la cultura de paz o nos alejan de él.
Nos propongo sostener esa conexión consciente entre nuestra sensibilidad profunda y nuestro modo de comunicarnos y expresarnos, para poder darnos cuenta si mantenemos nuestra coherencia personal entre lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos; para lograr que nuestras palabras sean verdaderamente portadoras del espíritu de la “cultura de paz” y para transformarnos realmente en seres de paz en acción y ser genuinamente constructores y artífices del mundo de paz que tanto anhelan nuestros corazones.