"Sólo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón, porque quien mira hacia afuera sueña y quien mira hacia adentro, despierta" C. G. Jung
Vivir en plenitud es posible cuando elegimos transitar "caminos con corazón".


Semillas para la Vida - Embajada de Paz - Distinción otorgada por Mil MIlenios de Paz y Fundación Paz, Ecología y Arte

jueves, 30 de abril de 2026

Dicen que cuando hablo, danzo...

"Cien Poetas por la Paz" - Cumbre de Paz y Vida- Valle Hermoso- Marzo 2026

 Y sí! Seguramente es así... porque las palabras tienen ritmo; tienen sonido, movimiento, vibración y llegan al cuerpo, lo movilizan, lo tocan, lo acarician, y -a veces- también lo lastiman y lo dañan.
Las palabras son energía en acción; tocan el alma y el corazón de quienes las escuchan y también, de quienes las dicen. 
Es por eso que el cuidado de nuestras palabras es una responsabilidad personal que nos lleva a la reflexión. ¿Qué decimos realmente al pronunciar palabras? ¿Qué intención anida en ellas? ¿Cuáles son las emociones, las añoranzas, los anhelos que guardan en su interior? 
Cuidar nuestras palabras puede hacer la diferencia y al elegirlas con responsabilidad, ayudamos a sustentar la buena convivencia, en la intimidad -“nosotros con nosotros mismos”- y en la convivencia con otros: en lo familiar, en lo social y también en la convivencia ampliada, en las comunidades más extendidas hasta llegar a toda la humanidad.
Elegir nuestras palabras al expresar nuestros sentimientos, nuestros anhelos del corazón, nuestros pensamientos, es exclusiva responsabilidad personal y nos afecta a nosotros directamente y a quienes van dirigidas. 
Es por esto, que ser conscientes de nuestras palabras puede hacer la diferencia en nuestra convivencia cotidiana y también en lo social; en nuestra cercanía o en la expansión de la convivencia de las comunidades alrededor del mundo. 
Las palabras NO son sólo palabras; son sentimientos, deseos, pensamientos, ideas e inspiraciones que vuelan a través del aire para ser escuchadas y –aunque llegan a los corazones y al alma de quienes las escuchan- ellas nacen en el corazón de cada uno de nosotros cuando elegimos pronunciarlas.
Hablar no es sólo hablar; escribir palabras no es sólo escribir palabras; es dejar que el alma hable; que el corazón se exprese y que nuestra mente ordene esos sentimientos, esas emociones y esos pensamientos para ser comprendidos.
Decir que “a las palabras se las lleva el viento” es restar importancia a nuestras palabras o a las palabras de los otros; es negar su fuerza creadora y su poder de manifestar realidades. 
Las palabras “sin corazón” son palabras que emanan “vacío”; ellas tiene otro ritmo, otra vibración, otra musicalidad carente de armonía; pero -aunque se sientan como palabras “vacías”-  ellas pueden construir o destruir; pueden crear puentes, caminos de encuentro o grietas; pueden acercarnos de corazón a corazón o alejarnos infinitamente del corazón de los otros... Esas palabras “sin corazón” también crean realidades.
Y sí… ¡al hablar danzo! Danzo al compás de las “palabras con corazón”, aquellas que vibran e invitan a mi cuerpo a danzar siguiendo su “groove”, su ritmo esencial; porque cuando hablamos “con el corazón en la mano”, la fuerza de la Luz está presente en ellas y la fuerza de la vida se hace melodía que acaricia el alma, que abraza el corazón y nos invita a danzar con la cadencia de su ritmo.
Si queremos Paz, nuestras palabras necesitan nutrirse de su Luz, de su energía, de su espíritu, de su fuerza creadora; de la bondad, de la amorosidad, del respeto y de la armonía. 
¿Qué expresan nuestras palabras cuando hablamos? ¿Qué nos dicen aquéllas que pronunciamos y decimos a viva voz? Ellas hablan más de lo que somos nosotros mismos que de aquéllos a quienes van dirigidas. 
Cada vez que elegimos descalificar o agredir a través de nuestras palabras a otros seres, por sus ideas y sus creencias diferentes de las nuestras, recordemos que -en primer lugar- nos estamos descalificando y agrediendo a nosotros mismos. Cada vez que elegimos palabras que violentan y destruyen, esa violencia y esa destrucción se activan en nuestro propio mundo interior y nos agrede del mismo modo, debilitando nuestra propia luz y vitalidad.
Es por esto que las pausas antes de hablar -aunque sean unos instantes mínimos- sean tan necesarias. Esos instantes de pausa son instantes de conexión, para que nos demos cuenta de cuál es el sentimiento que las impulsa y cuál es la fuente de energía que las alimenta y las pone en acción, para poder darnos cuenta si emanan del corazón, o del intelecto movido sólo por el ego; para darnos cuenta si son palabras que vibran en la Luz o en la niebla de la destrucción; si son palabras que abrazan y acercan o expulsan y alejan; si son palabras que sanan y abrigan o si son palabras que hieren profundamente, a tal punto, que sus heridas quedarán abiertas a pesar del tiempo.
Respirar las palabras nos ayuda a hacer esa pausa previa, antes de pronunciarlas o de escribirlas. Respirar y sentir las palabras abre las puertas de nuestra conciencia a la energía que anida en ellas y a la intención profunda que subyace en el alma de las palabras.
Respirar y sentir las palabras expande nuestra conciencia para mostrarnos que siempre podemos elegir las palabras con las cuales expresarnos y comunicarnos con los demás; que está en nuestras manos, a nuestro alcance, ese poder de crear realidades siguiendo los anhelos más profundos de nuestro corazón.
Dejemos que el alma se exprese siempre con palabras habitadas por esa musicalidad armoniosa que nos haga danzar a su ritmo, emanando ternura, bondad, Luz y Paz. 

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