La PAZ es mucho más que palabras bonitas y declaraciones de buenas intenciones; es mucho más que un sinfín de normas que prohíben actos de violencia pero facilitan el nacimiento de prejuicios, opresión y discordias.
La
PAZ genuina nace en el corazón, la mente y el cuerpo de cada uno de nosotros y
se
sustenta e irradia desde nuestro universo interno.
Si
queremos PAZ en nuestro entorno, primero necesitamos transformarnos en
auténticos “seres de PAZ”; porque la PAZ genuina nace de la búsqueda sincera
de nuestra propia PAZ y de nuestra responsabilidad consciente de
mantener nuestra coherencia personal en cada momento de nuestras vidas, en aquéllos
que son visibles para otros, pero también, en aquéllos que sólo ocurren en
nuestra intimidad, en nuestro espacio de silencio personal.
La
PAZ es coherencia entre lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos; es
hablar y expresarnos eligiendo “palabras con corazón”; esas que acarician el alma y los
corazones de quienes las escuchan, pero también, de quien las elige y las pronuncia.
La
PAZ es mucho más que ausencia de guerra; es sustentar el balance personal y
social, aún en tiempos de turbulencias; es lograr caminar por el “sendero del
medio” creando puentes en armonía y generando caminos de encuentros; es
descubrir cómo andar por la vida caminando con sutileza y humildad, acariciando
apenas el aire que nos rodea, sin generar más ego a nuestro paso.
La
PAZ genuina se manifiesta cuando podemos sustentar la serenidad aún en tiempos
de tormentas; cuando podemos escuchar otras voces expresando diferentes modos
de ver la vida, sin que se altere nuestra calma profunda, aunque estemos en
desacuerdo.
Si
queremos una sociedad libre de opresión, prejuicios y violencia; si queremos que
la PAZ sea una realidad en nuestras vidas, eduquemos a nuestros niños desde el espíritu
de la PAZ; revalorizando la bondad, el amor, el respeto
y la compasión, en lugar de motivarlos por premios o castigos o
enseñarles los juegos de la guerra y el culto de los egos.
Si
queremos PAZ, Seamos PAZ; seamos seres plenos, amorosos, conscientes y
responsables de nuestras expresiones y de nuestras acciones.
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