Muchas veces,
acuerdos sociales y estereotipos culturales originan normas sociales emergentes
que se transforman en barreras para la expresión del ser sensible que somos.
Estas normas son limitantes y van creando interferencias en las relaciones
interpersonales y en los vínculos con la naturaleza y todo el entorno,
volviéndose destructivas y patológicas.
Esto me lleva a
recordar a la “normosis”. [1] La “normosis” es la
llamada “patología de la normalidad”que involucra normas, conceptos, valores,
hábitos, modos de pensar, sentir y hacer que se aceptan por consenso social,
que provocan sufrimiento y -por lo tanto-se vuelven patológicos y patógenos,
enfermando a la sociedad.
Es una patología
típica de estos tiempos; es silenciosa, de carácter automático e inconsciente y
es por eso que es difícil su identificación.
En su aspecto sistémico involucra un contexto que se caracteriza por la violencia; la falta de respeto, de responsabilidad y de cuidado: la incapacidad de escuchar a los demás; la abundancia de corrupción; las "des-humanidad"; el exceso de egocentrismos; el culto a la personalidad y la ausencia de compasión y empatía. Cuando todo esto se acepta como normal estamos frente a la llamada "normosis", que describe la adaptación a un sistema enfermo al que se sustenta y justifica, manteniéndolo vigente. La "normosis" aplica también al medio ambiente, como por ejemplo, sostener hábitos contaminantes y de descuido del ambiente con el fin de conservar la zona de confort.
Necesitamos transformar
conscientemente nuestro modo de convivir inspirados por el espíritu de la
Cultura de Paz.
Las múltiples formas de “normosis” que
experimentamos en estos tiempos se han convertido en un urgente llamado a conectarnos
con nuestro “ser sensible”. Ésta es –quizás- una de las claves esenciales para sanar
nuestro modo de convivir y contribuir –voluntaria y conscientemente- con la
manifestación de la auténtica hermandad de la gran familia humana, haciendo de
nuestro mundo una realidad global de Paz en todas sus expresiones posibles.
No es la
economía o el poder del dinero lo que “salvará al mundo", sino la
expansión y el fortalecimiento de nuestra sensibilidad y la consolidación de la
conciencia de nuestra triple identidad: la de ser “seres espirituales, humanos
y planetarios”.
Hacia dónde tendremos,
entonces, que llevar nuestras miradas? Hacia adelante
para saber a dónde vamos; hacia atrás para recordar de dónde venimos; hacia
abajo para no pisar a nadie en el camino; hacia los costados para poder ver
claramente quiénes nos acompañan en las buenas y en las malas; hacia adentro
para sostener nuestra coherencia entre el sentir, pensar-decir y hacer y hacia
arriba para ser conscientes que hay una Energía Superior que
siempre nos guía y nos abraza.
Procuremos
conscientemente estar en el presente; sentir nuestra presencia plena; escuchar
auténticamente a los demás e incluir, en nuestra vida diaria, la práctica de “ir
hacia adentro de nosotros mismos” y descansar del “afuera”… porque cuando
miramos hacia adentro, despertamos a nuestro “ser consciente” para poder
transformarnos en auténticos seres de Paz.
Hagamos –entonces-
todo lo mejor posible para que nuestra propia transformación sea el punto de
partida para la transformación global hacia un mundo en el que prevalezcan la
auténtica hermandad, el respeto y el cuidado amoroso de todos los modos de
vincularnos en este planeta." http://www.revistaea.org/artigo.php?idartigo=5821
[1]
El término
“normosis” fue introducido por Roberto Crema junto con Pierre Weil y Jean-Yves
Leloup, para describir una patología muy común en estos tiempos que vivimos y
que en más de una oportunidad ha sido –y aún lo es-banalizada.